En estos días he visto morir a mi padre. Y al contrario de lo que siempre pensé, no he tenido miedo al verle morir, sino un dolor insoportable, una tristeza infinita. Soy consciente de que mi padre era mayor, pero era mi padre, y la muerte de un progenitor nos deja huérfanos, tengamos la edad que tengamos. Me alegro de haber estado con él en el momento de irse, de haber sujetado sus manos entre las mías, de haberle besado hasta el infinito, de decirle que fuera valiente como siempre fue, que se fuera tranquilo, que nunca le íbamos a olvidar. Fue duro, la vivencia más dura a la que me he enfrentado en mis 50 años de vida, pero estuve con él, y espero que eso le ayudara a que todo fuera más sencillo, a que no se sintiera solo.
Qué injusta, qué maldita, qué cabrona la muerte que no nos mata a nosotros sino a los que amamos. Carlos Fuentes (1929-2012) Periodista y escritor mexicano.